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23 2017 Abr

MI VIAJE A TRAVÉS DE LA TERAPIA GESTALT

 ¿Para que iniciar un proceso terapéutico?

 

Cuando me planteé hacer terapia en Madrid hace ya más de diez años, pregunté a mi circulo de amigos de confianza. Fue entonces cuando una de mis mejores amigas me habló de su experiencia con la Terapia Gestalt, me contó cuanto le había ayudado a ser ella misma y a colocarse en otro lugar en la vida. Era una terapia diferente que te ayudaba a ponerte en el aquí y ahora, a hacerte cargo de tu vida, a expresar aquello a lo que normalmente no te atreves, a tomar conciencia y liberar emociones, una terapia que ayudaba a crecer, a madurar aquellos aspectos que se habían quedado inmaduros, a integrar aspectos de tu personalidad y resolver conflictos en las relaciones personales. Ella era terapeuta y teníamos largas charlas sobre la terapia y el desarrollo personal. Me gustaba mucho su estar,  ver como podía sostener sus emociones, tenia un mundo interno, era una persona con escucha y profundidad,  con una exquisita forma de acompañarse y acompañarme emocionalmente cuando me sentía contrariada, y una gran sensibilidad humana.  Yo venía del teatro, me había acostumbrado a liberar emocionalmente a través de los personajes y los entrenamientos actorales, había ganado mayor libertad interior, pero sentía que no era suficiente, mi desarrollo interno estaba parado en algún lugar, pues me costaba lograr satisfacción diaria en las pequeñas cosas de mi día a día, había un ruido de fondo que no me permitía sentir satisfacción, así que me aventuré a explorarme a través de la terapia Gestalt y la terapia psico-corporal.

Así fue como empezó mi viaje  hace ya 12 años, el viaje más apasionante de mi vida, el viaje hacia el centro de mi misma.

Después de 12 años de terapias y largos procesos, en los cuales me he formado como terapeuta,  he podido deshacer creencias y cambiar patrones fuertemente arraigados a mi conciencia de niña que no hubiera podido enfrentar sola. La terapia me ha sanado y me ha salvado, este viaje me ha regalado la Patricia que ahora soy. Lo más fundamental que te puede ofrecer la terapia es un espacio para poder entender tu propia locura, tu neurosis, ponerle nombre y apellidos, conocer sus calles y callejones, sus mentiras y sus verdades. La terapia te permite conocer la máscara que has construido y recoger los trozos de este ser que quedó por el camino en tu proceso de hacerte persona, para  integrarlos, completar escenas de tu vida, sanar viejas heridas y aliviar el dolor del corazón. Es importante cerrar capítulos para poder pasar a lo siguiente, lo nuevo, y a veces esto conlleva darse cuenta de la propia ceguera,  para eso necesitamos una terapia para poder empezar a ver que no vemos. Otra veces, necesitamos cambiar el rumbo de nuestro barco, o cambiar el capitán, o tomar conciencia de lo que me digo, donde me trampeo, donde me repito, para poder mirarme desde otro lugar y ver ese guión escrito e iniciar una nueva ruta. La terapia te ayuda a esto,  a volverte más consciente, a hacerte cargo, a ser responsable de tu vida.

En el proceso terapéutico yo aprendi a descubrir mis trampas, mis atajos para no enfrentar el dolor, como me había inventado ser una Patricia que no era, recuperando aquellas pequeñas partes fragmentadas de mi infancia, integrando la tristeza, el dolor, la rabia, la soledad, la pena, en una Patricia más consciente, más integra, más humana, más vulnerable y con más corazón. También he aprendido a través de la terapia a reconocer mis límites y aceptarlos, a decir no, a expresar mi desacuerdo y mi enfado, a legitimar mis sentimientos.

Hay algo muy importante que aprendes a través de la terapia, aprendes a identificar tu mecanismo neurótico, lo detectas cuando aparece y aunque no siempre es fácil pillarlo a tiempo, con el tiempo comienzas a entender toda la energía que gastas defendiéndote, es ahí cuando comienzas poco a poco a sentir profundamente tu dolor, aprendes a  acompañarte y darte la mano.

La terapia me ha ayudado a ver toda la artillería pesada con la que me he defiendo del mundo. La neurosis nos apaga y nos deja desvitalizados, es un mecanismo de ceguera y también de desgaste, que busca repetirse, este es el alimento para seguir argumentando su existencia, si le das de comer sigue ahí, creciendo y limitando tu existencia, si desarrollas el testigo, la conciencia y cambias la ruta le muestras que la buena vida va por otra dirección, entonces puedes aprender a ser el barquero de tu barco,  pero la conciencia es un músculo que es necesario entrenar a diario,  y a veces es necesario un acompañamiento terapéutico para poder ganar en bienestar, salud y vitalidad y poder vivir la vida que quieres. La meditación diaria, la terapia corporal y la atención en el aquí y ahora, son buenos antídotos para sanar la neurosis, y es un trabajo diario porque “la cabra tira al monte” y curar las heridas en un trabajo muy costoso. Un daño en el corazón necesita mucho trabajo para restaurarlo, para restituir toda la confianza perdida, para que esa tierra vuelva a ser fértil y vuelva a dar frutos, mucho esfuerzo para sanar lo que la inconsciencia destruye de un solo plomazo.

La terapia y la meditación diaria son herramientas excelentes para afinar la percepción y conectar con esta parte más sabia que aparece cuando paramos  y nos entregamos al aquí y hora, con niveles de energía de mayor vibración y conciencia.

Escrito por Patricia Morales. Terapeuta corporal, arteterapeuta y gestalt.