4 2014 Dic

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Terapia barata

“Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo.
No estoy en este mundo para llenar tus expectativas
Y tú no estás en este mundo para llenar las mías.
Yo soy yo y tú eres tú.
Y si por casualidad no encontramos, es hermoso.
Si no, no puede remediarse.

Fritz S. Perls

Los estratos del Yo

De acuerdo a Fritz Perls, en el Yo de todo ser humano existen seis capas que recubren, a manera de una cebolla al Ser auténtico de las personas. Estas capas o estratos del Self, como también se les conoce, son las siguientes: 1) E. Falso; 2) E. del como sí; 3) E. Fóbico; 4) E. Implosivo o del Atolladero; 5) E. Explosivo; y 6) El Self verdadero.
Si en el proceso terapéutico atravesamos el estrato Falso y el del “como sí” llegaremos al estrato Fóbico. Allí se encuentran todos nuestros temores y todas nuestras inseguridades frente a nosotros mismos; nuestros secretos mejor guardados y nuestras heridas narcisísticas; la pena, el dolor, la tristeza o la desesperación; aquello que no queremos ver ni tocar de nuestra personalidad y menos aún descubrir frente a los demás.
Si logramos pasar lo fóbico sentiremos una sensación de vacío, de inamovilidad, de falta de energía, de muerte. Hemos llegado al estrato del Atolladero, donde nos sentimos “atorados”, sin salida. Sin embargo, detrás se encuentra el estrato Implosivo, donde se hallan todas nuestras energías sin usar, nuestra vitalidad “congelada” o dirigida hacia nosotros mismos para mantener nuestras defensas.
Finalmente, detrás de lo implosivo se encuentra el estrato Explosivo, donde las fuerzas estancadas se disparan hacia afuera mostrando  nuestra autenticidad, dando paso al Yo verdadero que permanecía oculto. Existen básicamente cuatro tipos de explosión: gozo, aflicción, orgasmo y coraje.
En base a lo anterior, podemos imaginarnos a una persona que al comenzar la terapia se mostrará superficial, formal o convencional (buenos días, qué calor hace, blá, blá, blá: las Cacas de las que hablaba Perls). Detrás de ello y tras varias sesiones  la persona contactara con sus temores, sus “traumas”, sus evitaciones, que es necesario confrontar. Entrará en un atolladero temporal, en donde él se vivenciará sin fuerzas, casi muerto. Sin embargo, si confía en su organismo, y en el proceso, y le da libertad éste le mostrará sus fuerzas sin utilizar, que emergerán libremente como figuras al despejarse el campo de evitaciones, su verdadero potencial, y experimentará una verdadera explosión de alegría, placer, ira o pena (todas ellas positivas, terapéuticas y necesarias) que darán paso al verdadero ser humano que hay detrás del sujeto.

Una persona madura es aquella que es capaz de experienciar y sostener su vivencia interna y sus emociones en el “aquí y ahora” y utilizar sus propios recursos (autoapoyo) en lugar de manipular a los demás y al ambiente para conseguir apoyo.

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