TERAPIA CORPORAL, ARTETERAPIA Y GESTALT: 
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23 2017 Abr

MI VIAJE A TRAVÉS DE LA TERAPIA GESTALT

 ¿Para que iniciar un proceso terapéutico?

 

Cuando me planteé hacer terapia en Madrid hace ya más de diez años, pregunté a mi circulo de amigos de confianza. Fue entonces cuando una de mis mejores amigas me habló de su experiencia con la Terapia Gestalt, me contó cuanto le había ayudado a ser ella misma y a colocarse en otro lugar en la vida. Era una terapia diferente que te ayudaba a ponerte en el aquí y ahora, a hacerte cargo de tu vida, a expresar aquello a lo que normalmente no te atreves, a tomar conciencia y liberar emociones, una terapia que ayudaba a crecer, a madurar aquellos aspectos que se habían quedado inmaduros, a integrar aspectos de tu personalidad y resolver conflictos en las relaciones personales. Ella era terapeuta y teníamos largas charlas sobre la terapia y el desarrollo personal. Me gustaba mucho su estar,  ver como podía sostener sus emociones, tenia un mundo interno, era una persona con escucha y profundidad,  con una exquisita forma de acompañarse y acompañarme emocionalmente cuando me sentía contrariada, y una gran sensibilidad humana.  Yo venía del teatro, me había acostumbrado a liberar emocionalmente a través de los personajes y los entrenamientos actorales, había ganado mayor libertad interior, pero sentía que no era suficiente, mi desarrollo interno estaba parado en algún lugar, pues me costaba lograr satisfacción diaria en las pequeñas cosas de mi día a día, había un ruido de fondo que no me permitía sentir satisfacción, así que me aventuré a explorarme a través de la terapia Gestalt y la terapia psico-corporal.

Así fue como empezó mi viaje  hace ya 12 años, el viaje más apasionante de mi vida, el viaje hacia el centro de mi misma.

Después de 12 años de terapias y largos procesos, en los cuales me he formado como terapeuta,  he podido deshacer creencias y cambiar patrones fuertemente arraigados a mi conciencia de niña que no hubiera podido enfrentar sola. La terapia me ha sanado y me ha salvado, este viaje me ha regalado la Patricia que ahora soy. Lo más fundamental que te puede ofrecer la terapia es un espacio para poder entender tu propia locura, tu neurosis, ponerle nombre y apellidos, conocer sus calles y callejones, sus mentiras y sus verdades. La terapia te permite conocer la máscara que has construido y recoger los trozos de este ser que quedó por el camino en tu proceso de hacerte persona, para  integrarlos, completar escenas de tu vida, sanar viejas heridas y aliviar el dolor del corazón. Es importante cerrar capítulos para poder pasar a lo siguiente, lo nuevo, y a veces esto conlleva darse cuenta de la propia ceguera,  para eso necesitamos una terapia para poder empezar a ver que no vemos. Otra veces, necesitamos cambiar el rumbo de nuestro barco, o cambiar el capitán, o tomar conciencia de lo que me digo, donde me trampeo, donde me repito, para poder mirarme desde otro lugar y ver ese guión escrito e iniciar una nueva ruta. La terapia te ayuda a esto,  a volverte más consciente, a hacerte cargo, a ser responsable de tu vida.

En el proceso terapéutico yo aprendi a descubrir mis trampas, mis atajos para no enfrentar el dolor, como me había inventado ser una Patricia que no era, recuperando aquellas pequeñas partes fragmentadas de mi infancia, integrando la tristeza, el dolor, la rabia, la soledad, la pena, en una Patricia más consciente, más integra, más humana, más vulnerable y con más corazón. También he aprendido a través de la terapia a reconocer mis límites y aceptarlos, a decir no, a expresar mi desacuerdo y mi enfado, a legitimar mis sentimientos.

Hay algo muy importante que aprendes a través de la terapia, aprendes a identificar tu mecanismo neurótico, lo detectas cuando aparece y aunque no siempre es fácil pillarlo a tiempo, con el tiempo comienzas a entender toda la energía que gastas defendiéndote, es ahí cuando comienzas poco a poco a sentir profundamente tu dolor, aprendes a  acompañarte y darte la mano.

La terapia me ha ayudado a ver toda la artillería pesada con la que me he defiendo del mundo. La neurosis nos apaga y nos deja desvitalizados, es un mecanismo de ceguera y también de desgaste, que busca repetirse, este es el alimento para seguir argumentando su existencia, si le das de comer sigue ahí, creciendo y limitando tu existencia, si desarrollas el testigo, la conciencia y cambias la ruta le muestras que la buena vida va por otra dirección, entonces puedes aprender a ser el barquero de tu barco,  pero la conciencia es un músculo que es necesario entrenar a diario,  y a veces es necesario un acompañamiento terapéutico para poder ganar en bienestar, salud y vitalidad y poder vivir la vida que quieres. La meditación diaria, la terapia corporal y la atención en el aquí y ahora, son buenos antídotos para sanar la neurosis, y es un trabajo diario porque “la cabra tira al monte” y curar las heridas en un trabajo muy costoso. Un daño en el corazón necesita mucho trabajo para restaurarlo, para restituir toda la confianza perdida, para que esa tierra vuelva a ser fértil y vuelva a dar frutos, mucho esfuerzo para sanar lo que la inconsciencia destruye de un solo plomazo.

La terapia y la meditación diaria son herramientas excelentes para afinar la percepción y conectar con esta parte más sabia que aparece cuando paramos  y nos entregamos al aquí y hora, con niveles de energía de mayor vibración y conciencia.

Escrito por Patricia Morales. Terapeuta corporal, arteterapeuta y gestalt.

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15 2015 Ene

FOTOTERAPIA “EL ALBUM FAMILIAR” JO SPENCE

fototerapia

Fototerapia escrito por Jo Spence “Más allá de la imagen   perfecta” 

Continuamente me preguntan qué es la fototerapia. Literalmente significa usar la fotografía para sanarnos. Como parte de mi proyecto de salud, he estado trabajando en mis niveles de estrés y ansiedad, repasando mi vida en general e intentando entender la parte que mi vida psíquica (fantasías/fantasmas) desempeñaba en mi bienestar. Sobretodo he trabajado con Rosy Martin, una “hermana” de la terapia compartida, que tiene intereses similares a los míos en la política cultural. La fototerapia debe verse dentro del marco más amplio del psicoanálisis y sus aplicaciones a la fotografía de la vida familiar, pero siempre deberíamos tener en cuenta la posibilidad de un CAMBIO ACTIVO. Nos basamos en técnicas que aprendimos juntas en la terapia compartida, el psicodrama y una técnica denominada “reencuadre”.

Empleando esta técnica, Rosy y yo comenzamos a trabajar juntas para darnos a nosotras mismas permiso para mostrar nuestro “nuevos” egos visuales ante la cámara. En el curso de este trabajo nos demostramos con creces que no hay un único yo, sino muchos yos fragmentados, cada uno de los cuales busca expresión consciente, y muchos de ellos no son nunca reconocidos. Creamos una serie de retratos que eran la personificación visual de nuestros yos fragmentados, que aún continúan emergiendo siempre que nos encontramos para realizar una sesión de fototerapia. Hemos hallado la forma de mantener un diálogo con nosotras mismas sobre los conflictos y las restricciones del matrimonio, la salud, la educación, el envejecimiento, la economía de clase, y la opresión de las mujeres, siempre trabajando “a contracorriente” de las definiciones dominantes de sexualidad y amor.

Entre nuestras diversas formas de usar la cámara se incluyen fotografías naturalistas sobre cosas que pasan en nosotras y en nuestro alrededor (lo que se llama fotografía documental); la escenificación de cosas especialmente para la cámara, y el uso de viejas fotografías personales como punto de partida, investigando su significado. Toda la técnica consiste en esperar que las fotografías nos ayuden a plantear preguntas, más que darnos repuestas. Empleando este marco para la fotografía, nos resulta posible transformar nuestra visión imaginaria del mundo mientras trabajamos para intentar cambiarlo social y económicamente.

Como mujer recién llegada a la clase media, implicada directamente con las luchas culturales e ideológicas del momento, creo que resulta más útil que emplee mi tiempo y energías en las instituciones educativas que en los medios de comunicación.

En el futuro quiero trabajar más para ayudar a poner en marcha una crítica sobre la práctica amateur en la fotografía. Gran parte de estas ideas giran en torno al “cuerpo político2, concentrándose en lo que puede ser una práctica más social y agradable (aunque crítica) dentro de la fotografía amateur, especialmente e la fotografía en la familia y las relaciones de poder que se dan en su seno. Aquí es donde la fototerapia adquiere importancia para entender nuestra identidad social, determinada por el género, la clase y la raza. Cuestiones integrales para la identidad de la salud, y lo que sentimos que somos capaces de hacer y de cambiar en relación con nuestro bienestar.

Reelaboración del álbum familiar

1Comienza con fotos antiguas en las que salgas tú. Busca también en la colección de fotos de otros miembros de la familia. Trátalas con mucho cuidado, porque son muy valiosas. Busca un lugar tranquilo y varias horas libres para poderles prestar toda tu atención. Colócalas en el suelo y después ponlas en montones por años. Luego elige una sola foto de cada año de tu vida y ponlas en fila en el suelo. Repásalas hasta que estés seguro de que tienes las que más significan para ti. Coloca  las fotos elegidas sobre un papel blanco y largo, y escribe la fecha aproximada de cada fotografía. Probablemente esto será suficiente para la primera sesión, y es emocionalmente agotador hacer este trabajo durante demasiado tiempo cada vez. En la siguiente sesión, intenta recordar acontecimientos clave de tu vida emocional que tengan que ver con los años con los que estás tratando. Escríbelos en el papel. En otra sesión, comienza a trabajar con otro grupo de acontecimientos clave, pero esta vez concentrándote en aquellos que son sociales o económicos. Intenta separar estos dos matices en cada uno. Es más fácil que surja cualquier recuerdo doloroso en la matriz emocional; entonces lo puedes contextualizar dentro de los recuerdos socioeconómicos. Los acontecimientos claves como nacimientos o muertes, o cambios de casa, el inicio de la escuela, un cambio de trabajo de los padres, el divorcio, etc. Adquieren mucho significado si se los recuerda, se escriben y se trabajan de esta forma sistemática.

Añade comentarios debajo, intentando recordar quién las hizo; apunta tu relación con esas personas y cualquier otro comentario que te parezca relevante. Cuando estés seguro de que no cambiarás de idea y hayas escrito todo lo que puedas recordar en el espacio que queda bajo tus fotografías, pégalas al papel para que se conviertan en un registro semipermanente. Si tienes sitio, cuelga el papel en la pared.

2Coge una o dos fotografías de tu historia personal y busca un lugar tranquilo donde trabajar detalladamente sobre ellas. Es vital que no te interrumpan ni te puedan oír mientras haces esto, porque el flujo de ideas se rompe con facilidad. Para este aspecto del trabajo puedes grabar tu voz en una cinta (empieza siempre indicando la fecha, seguida de una breve descripción de las instantáneas sobre las que estás trabajando), o puedes escribir en una libreta o “diario creativo”. Apunta todo lo se te ocurra sobre la fotografía y los acontecimientos que la rodean. Estate preparado porque es posible que algunos de los recuerdos te alteren. Haz una pausa y tómate tiempo para pensar y sentir; no te levantes para hacerte un café. Trabaja de forma metódica; ese rato es exclusivamente para ti.

Si tienes algún amigo íntimo con el que puedas trabajar, quizás le puedas pedir que te “entreviste” sobre lo que ocurría en esas fotos. Esta entrevista debería consistir en una serie de preguntas relevantes y de apuntes si te quedas atascado. También pueden emplearse técnicas de terapia de autoayuda, pero para ello se necesita tener una formación básica. La tarea de recordar no debe ser una conversación o una charla nostálgica. La persona con la que trabajes no debe comentar lo que dices ni pedir que amplíes la respuesta, sino actuar como una especie de apuntador. Piensa en esto como un trabajo agradable que puede ayudarte a entender mejor tu propia historia, incluidas las partes que preferirías olvidar. En mi experiencia, trabajar con alguien que provenga de tu misma clase social o tenga la misma orientación sexual o pertenezca al mismo grupo racial puede ser una ventaja a la hora de sentirte seguro. Cuando hayas hecho suficiente trabajo en esta etapa, vuelve a tu “historia personal” original y comienza a pensar en lo que le falta. Toma notas sobre las fotos que se podrían haber hecho pero no se hicieron, o de cosas que lamentas no haber documentado o que hubiera sido imposible representar. (Por ejemplo, piensa en cómo podrías intentar fotografiar la Navidad con tu familia, luego piensa en cómo podrían relacionarse esas imágenes con el mundo comercial de la Navidad). Sugiero que todas las etapas de este trabajo se mantengan en privado, en un tiempo y un espacio exclusivamente para ti.

3Comienza a pensar cómo podrías fotografiar un día de tu vida. Fíjate en cual es tu rutina, qué se repite día tras día, qué parece trivial y qué parece importante. Si vives con otra persona, pídele que te haga comentarios sobre esta tarea. Tal vez esta persona pueda advertir cosas que tú das por hechas y por tantos descartas completamente. Luego, carga tu cámara con una película especial y registra el día a medida que vaya pasando. Olvídate de la estética y de las convenciones; esta es una forma de autodocumentación que puede ser la base de un diario o de una narración de historias en una grabadora. Decide si quieres fotografiar lo que ves o ser tú quien salga en las fotos, como opciones opuestas. Haz que te revelen este carrete en una tienda grande. Toma nota de lo que has hecho y de cualquier dificultad relevante que te hayas encontrado, por ejemplo algo que te hubiera gustado fotografiar, pero no se te ha ocurrido cómo hacerlo o no te has atrevido a hacerlo. No te limites a hacer fotos de gente, piensa también en cómo podrías usar partes de las habitaciones u objetos colocados simbólicamente para decir algo acerca de ti.

4 Hazte un autorretrato en primer plano o haz uno de alguien de tu familia, un amigo o tu pareja. Intenta que resulte lo más idealizado posible. Luego vuelve a colocar a la persona para mostrarla en el trabajo o realizando alguna actividad. Piensa en las diferencias entre las fotos y lo que muestran o no muestran. Si llegar hasta este punto te ha resultado interesante, entonces te sugiero que pienses seriamente en mantener un diario fotográfico en el futuro. Será un libro en el que no sólo podrás escribir tus pensamientos privados, sino también pegar fotos de cosas que sean importantes para ti. No hagas fotos que repiten lo que dicen las palabras; en cambio, intenta pensar en las fotos como otro nivel de comunicación contigo mismo. Un diario fotográfico también es un buen sitio para jugar, por ejemplo añadiendo bocadillos de diálogos a las fotos o escribiendo bajo una secuencia de fotos como si fuera una fotonovela. De vez en cuando, sería interesante hacer una instantánea y escribir un par de párrafos acerca de ella, como si fueras un extraño viendo la foto, describiendo lo que ves y olvidando lo que crees que sabes. En mis diarios  fotográficos suelo incluir imágenes de mi misma con máscaras de papel hechas en casa sobre las que escribo palabras, expresando de qué humor estoy en ese momento. Al realizar todo este trabajo durante años, de actividad fotográfica intermitente, he llegado a aceptarme como soy y a entender algo sobre las maneras en que se construyó mi subjetividad, contradictoria y fragmentada. Hace tiempo que he dejado de buscar imágenes idealizadas de mí, y he aceptado el espectro y la variedad que la cámara me ha ofrecido. También veo que no hay un único yo coherente, sino una multiplicidad de yos que se posicionan en el mundo de varias formas distintas, dentro de un rango de dinámicas de poder. Asimismo, a partir de la comprensión de mi misma he logrado generalizar y deducir que nada es fijo, natural o inmutable. A partir de estos comienzos tan simples surgen nuevas formas de creatividad y pensamiento.

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4 2014 Dic

TERAPIA GESTALT: CONCEPTOS

Terapia barata

“Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo.
No estoy en este mundo para llenar tus expectativas
Y tú no estás en este mundo para llenar las mías.
Yo soy yo y tú eres tú.
Y si por casualidad no encontramos, es hermoso.
Si no, no puede remediarse.

Fritz S. Perls

Los estratos del Yo

De acuerdo a Fritz Perls, en el Yo de todo ser humano existen seis capas que recubren, a manera de una cebolla al Ser auténtico de las personas. Estas capas o estratos del Self, como también se les conoce, son las siguientes: 1) E. Falso; 2) E. del como sí; 3) E. Fóbico; 4) E. Implosivo o del Atolladero; 5) E. Explosivo; y 6) El Self verdadero.
Si en el proceso terapéutico atravesamos el estrato Falso y el del “como sí” llegaremos al estrato Fóbico. Allí se encuentran todos nuestros temores y todas nuestras inseguridades frente a nosotros mismos; nuestros secretos mejor guardados y nuestras heridas narcisísticas; la pena, el dolor, la tristeza o la desesperación; aquello que no queremos ver ni tocar de nuestra personalidad y menos aún descubrir frente a los demás.
Si logramos pasar lo fóbico sentiremos una sensación de vacío, de inamovilidad, de falta de energía, de muerte. Hemos llegado al estrato del Atolladero, donde nos sentimos “atorados”, sin salida. Sin embargo, detrás se encuentra el estrato Implosivo, donde se hallan todas nuestras energías sin usar, nuestra vitalidad “congelada” o dirigida hacia nosotros mismos para mantener nuestras defensas.
Finalmente, detrás de lo implosivo se encuentra el estrato Explosivo, donde las fuerzas estancadas se disparan hacia afuera mostrando  nuestra autenticidad, dando paso al Yo verdadero que permanecía oculto. Existen básicamente cuatro tipos de explosión: gozo, aflicción, orgasmo y coraje.
En base a lo anterior, podemos imaginarnos a una persona que al comenzar la terapia se mostrará superficial, formal o convencional (buenos días, qué calor hace, blá, blá, blá: las Cacas de las que hablaba Perls). Detrás de ello y tras varias sesiones  la persona contactara con sus temores, sus “traumas”, sus evitaciones, que es necesario confrontar. Entrará en un atolladero temporal, en donde él se vivenciará sin fuerzas, casi muerto. Sin embargo, si confía en su organismo, y en el proceso, y le da libertad éste le mostrará sus fuerzas sin utilizar, que emergerán libremente como figuras al despejarse el campo de evitaciones, su verdadero potencial, y experimentará una verdadera explosión de alegría, placer, ira o pena (todas ellas positivas, terapéuticas y necesarias) que darán paso al verdadero ser humano que hay detrás del sujeto.

Una persona madura es aquella que es capaz de experienciar y sostener su vivencia interna y sus emociones en el “aquí y ahora” y utilizar sus propios recursos (autoapoyo) en lugar de manipular a los demás y al ambiente para conseguir apoyo.

3 2014 Dic

Claudio Naranjo “Somos cazadores cazados”

Según el psiquiatra chileno Claudio Naranjo, “la misión de la educación hoy es hacer a la gente igual y crear trabajadores en lugar de desarrollo humano”. Pero, ¿quién es responsable de este sistema educativo que solo enseña y no nos deja aprender desde nuestro propio interés? ¿Por qué nos adaptamos al sistema económico como a un déspota en lugar de tener un sistema que se adapte al hombre? ¿Qué nos hace guiarnos por el deber y no por el placer en la vida? Una reflexión acerca de como la educación debería tener como eje la conciencia.

23 2014 Sep

Meditación. Declarado el hombre más feliz del planeta


ESTUDIO | CEREBRO BUDISTA INCREÍBLE
Declarado el hombre más feliz del planeta

Es más feliz que usted, seguro. Mucho más. Matthieu Ricard obtuvo una nota inalcanzable en un estudio sobre el cerebro realizado por la Universidad de Wisconsin (EEUU). Los especialistas en neurociencia afectiva le nombraron «el hombre más feliz de la Tierra». A sus 61 años, quien hoy es asesor personal del Dalai Lama tiene una vida digna de un guión de cine. Biólogo molecular, hijo de un filósofo ateo, dejó su carrera por abrazar al budismo.

En lugar de una casa en la playa ha elegido una vida contemplativa en el monasterio nepalí de Shechen
En lugar de una casa en la playa ha elegido una vida contemplativa en el monasterio nepalí de Shechen

 

Matthieu Ricard con el Dalai Lama. Es el único europeo que sabe tibetano clásico.
Matthieu Ricard con el Dalai Lama. Es el único europeo que sabe tibetano clásico.

Por David Jiménez, FotografÍas de Neema Frederic

 

¿Una bonita casa en la playa? Matthieu Ricard prefiere el monasterio apartado de toda civilización donde vive, en las montañas de Nepal. ¿Una cuenta bancaria boyante? Ha entregado todo el dinero de las ventas de sus libros a la caridad. ¿Quizá un matrimonio bien avenido o una excitante vida sexual? Tampoco: a los 30 años decidió acogerse al celibato y dice cumplirlo sin descuidos. En realidad, Matthieu Ricard carece de todas las cosas que los demás perseguimos con el convencimiento de que nos harán un poco más felices. Y sin embargo, este francés de 61 años, biólogo molecular hasta que decidió dejarlo todo y seguir el camino de Buda, es más feliz que usted y yo. Mucho más feliz. El más feliz.

Científicos de la Universidad de Wisconsin llevan años estudiando el cerebro del asesor personal del Dalai Lama dentro de un proyecto en el que la cabeza de Ricard ha sido sometida a constantes resonancias magnéticas nucleares, en sesiones de hasta tres horas de duración. Su cerebro fue conectado a 256 sensores para detectar su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción y así con decenas de sensaciones diferentes.

Los resultados fueron comparados con los obtenidos en cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban del 0.3 (muy infeliz) a -0.3 (muy feliz). Matthieu Ricard logró -0.45, desbordando los límites previstos en el estudio, superando todos los registros anteriores y ganándose un título –«el hombre más feliz de la tierra»– que él mismo no termina de aceptar. ¿Está también la modestia ligada a la felicidad? El monje prefiere limitarse a resaltar que efectivamente la cantidad de «emociones positivas» que produce su cerebro está «muy lejos de los parámetros normales».

El problema de aceptar que Ricard es el hombre más contento y satisfecho del mundo es que nos deja a la mayoría en el lado equivocado de la vida. Si un monje que pasa la mayor parte de su tiempo en la contemplación y que carece de bienes materiales es capaz de alcanzar la dicha absoluta, ¿no nos estaremos equivocando quienes seguimos centrando nuestros esfuerzos en un trabajo mejor, un coche más grande o una pareja más estupenda?

Los trabajos sobre la felicidad del profesor Richard J. Davidson, del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin, se basan en el descubrimiento de que la mente es un órgano en constante evolución y, por lo tanto, moldeable. «La plasticidad de la mente», en palabras del científico estadounidense, cuyo estudio es el quinto más consultado por la comunidad investigadora internacional.

Los científicos han logrado probar que la corteza cerebral izquierda concentra las sensaciones placenteras, mientras el lado derecho recoge aquellas que motivan depresión, ansiedad o miedo. «La relación entre el córtex izquierdo y el derecho del cerebro puede ser medida y la relación entre ambas sirve para representar el temperamento de una persona», asegura Ricard, que durante sus resonancias magnéticas mostró una actividad inusual en su lado izquierdo.

Los neurocientíficos americanos no creen que sea casualidad que durante los estudios llevados a cabo por Davidson los mayores registros de felicidad fueran detectados siempre en monjes budistas que practican la meditación diariamente. Ricard lo explica en la capacidad de los religiosos de explotar esa «plasticidad cerebral» para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos. La idea detrás de ese concepto es que la felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar, entrenar, mantener en forma y, lo que es más improbable, alcanzar definitivamente y sin condiciones.

Éxtasis mental. Lograr el objetivo de la dicha no es fácil. Ricard ha escrito una decena de libros –estos días combina sus retiros espirituales con la promoción de su obra Happiness en el mundo anglosajón– y cientos de artículos tratando de mostrar el camino y, aunque la mayoría de sus obras se han convertido en éxitos editoriales, el propio autor descarta que su lectura garantice el éxito. Al igual que un logro en atletismo o en la vida laboral, el cambio sólo es posible con esfuerzo y tenacidad, pero Ricard asegura que todo habrá merecido la pena una vez se alcanza el estado de éxtasis mental que logran los elegidos. En su Defensa de la felicidad (Urano), la traducción de su último libro publicado en España, el monje explica cómo nuestra vida puede ser transformada incluso a través de variaciones mínimas en la manera en que manejamos nuestros pensamientos y «percibimos el mundo que nos rodea».

Es un viaje hacia el interior de uno mismo que Matthieu Ricard recorrió contra todo pronóstico. Nacido en París en 1946, el «monje feliz», como se le conoce en todo el mundo, creció en un ambiente ilustrado. Su padre, Jean-François Revel, fue un reconocido escritor, filósofo y miembro de la Academia Francesa que reúne a la elite intelectual del país galo. Su madre dedicó gran parte de su vida profesional a la pintura surrealista y tuvo un gran éxito antes de convertirse también ella en monja budista. Ricard vivió en su juventud los excesos propios del París de los años 60 y tras terminar sus estudios de secundaria se decidió por las ciencias. Hizo su doctorado en genética celular en el Instituto Pasteur de París y trabajó con el premio Nobel de medicina François Jacob. Parecía destinado a convertirse en uno de los grandes investigadores del campo de la biología cuando le dio a su padre el disgusto de su vida.

El estudio de textos budistas desencadenó una llamada espiritual que le llevó a dejarlo todo. Decidió que el laboratorio no era lo suyo y partió hacia el Himalaya para hacerse discípulo de Kangyur Rinpoche, un histórico maestro tibetano de la tradición Nyingma, la más ancestral escuela del budismo. Era 1972 y las próximas tres décadas de este francés de carácter suave y cultura exquisita –el único europeo que lee, habla y traduce el tibetano clásico– iban a ser dignas del mejor guión de una película.

Tras estudiar con los grandes maestros del budismo, pasar meses en retiros y recorrer los pueblos del Himalaya, conoció al Dalai Lama y en 1989 se convirtió en uno de sus principales asesores y en su traductor al francés. Su posición como mano derecha del Señor de la Compasión le ha convertido en la figura budista occidental más influyente del mundo y llevaron al gobierno francés a concederle la Orden Nacional Francesa.

La vida elegida por Ricard le enfrentó a los ideales en los que se había formado y al ateísmo de su padre. Ambos decidieron discutir sus diferencias en El monje y el fisólofo, un diálogo que sólo en Francia vendió 500.000 copias y en el que la búsqueda de la felicidad está presente en cada capítulo. «Tenía muchas esperanzas en su futuro profesional y me parecía una lástima que abandonara [su carrera científica]. Después me di cuenta de que había transferido su espíritu científico al estudio del budismo», decía el padre antes de morir, una vez hubo aceptado la elección de Matthieu.

La idea de Ricard de ofrecerse para los estudios de la mente que llevaba a cabo la Universidad de Wisconsin estuvo influenciada por el propio Dalai Lama, que durante años ha colaborado con científicos occidentales, facilitando el análisis cerebral de los monjes y su capacidad de aislar la mente durante las sesiones de meditación. Uno de los aspectos que más ha fascinado a los investigadores es la capacidad de los monjes de suprimir sentimientos que hasta ahora creíamos inevitables en la condición humana: el enfado, el odio o la avaricia. El estudio de sus cerebros demuestra una capacidad extraordinaria para controlar sus impulsos basados en el principio de que Buda no prometió a sus seguidores la salvación en el cielo, sólo el final de sus sufrimientos en la tierra si lograban controlar sus deseos. Para muchos ese ha sido uno de los puntos flacos del budismo: la limitación de las ambiciones personales y la pasividad.

Ricard suele acudir a una anécdota del Dalai Lama para negar que el control de los impulsos negativos sea igual a pasividad o falta de respuesta, por ejemplo ante un crimen o un genocidio. «Alguien le preguntó en una ocasión al Dalai Lama qué haría si alguien entra en una habitación para matar a todos los presentes. Su respuesta irónica fue: «Empezaría por dispararle a las piernas. Y si eso no funciona, apuntaría a la cabeza».

Ricard cree que el problema es que nuestros sentimientos negativos hacia otras personas no están a menudo justificados, sino que los hemos creado nosotros en nuestra mente de forma artificial como respuesta a nuestras propias frustraciones. Y ése es uno de los impulsos que el monje francés piensa que hay que aprender a controlar si se quiere ser feliz. Para el escritor, la felicidad es «un tesoro escondido en lo más profundo de cada persona». Atraparla es cuestión de práctica y fuerza de voluntad, no de bienes materiales, poder o belleza. Los que llegan al final del viaje y logran la serenidad que lleva a la dicha, asegura Ricard, sienten lo mismo que «un pájaro cuando es liberado de su jaula».

Satisfacción filipina. Tampoco es necesario leer a este hijo adoptivo de Buda o retirarse a un templo en el Himalaya para comprobar que el «dinero no da la felicidad». Los habitantes de las barriadas pobres de Manila se muestran, a pesar de sus dificultades, aparentemente más contentos que los tiburones financieros de la vecina y multimillonaria Hong Kong. Cada vez que se hace una encuesta sobre felicidad global, los filipinos aparecen entre los pueblos más satisfechos. Ni la pobreza ni el hecho de que su país haya sido declarado el «lugar del mundo más afectado por los desastres naturales» por el Centro para la Investigación y Epidemiología de Desastres parecen afectar su visión positiva de la vida. Su intensa vida social y familiar compensa penurias privaciones. Los honkoneses, con una renta per cápita 20 veces mayor, aparecen sistemáticamente en los últimos lugares en los mismos sondeos de felicidad. La presión consumista, el estrés y el deterioro de las relaciones sociales figuran entre las causas de insatisfacción más citadas por los ciudadanos. Todo el desarrollo y el dinero del mundo no han logrado levantar el ánimo de la Nueva York de Asia.

Matthieu Ricard ve en resultados como éste la prueba de que cualquiera, no importa las desgracias que haya vivido, puede alcanzar la felicidad si cambia el chip mental que a menudo nos hace detenernos en los aspectos negativos de la existencia. Incluso la pérdida de los seres queridos puede sobrellevarse con relativa facilidad si se afronta la muerte desde una perspectiva nueva, menos centrada en su dramatismo. «Mi padre murió el año pasado a los 82 años. Como dependía tanto de su brillantez intelectual, cuando se vio limitado se desanimó», asegura el monje, para quien la muerte de quienes nos rodean debe ser aceptada como un paso más en el ciclo natural de la vida y no necesariamente como un episodio triste. «El mejor homenaje que podemos ofrecer a los que ya no están con nosotros es vivir la vida de forma constructiva, ser conscientes de que nacemos solos y morimos solos. ¿Por qué no sentir que cada ser humano es nuestro familiar, que cada casa es nuestro hogar?».

Los investigadores que han estado analizando las emociones de Ricard creen que los resultados podrían servir para paliar enfermedades como la depresión y llevar a la gente a entrenar una mente saludable de la misma forma que hoy se acude al gimnasio a mejorar la forma física. Más aún, si como sugiere Ricard, una de las claves de la satisfacción personal es el control y la supresión de instintos negativos como el odio, y si existe una forma de limitarlos, estaríamos ante la posibilidad de mejorar la condición humana y enmendar sus peores defectos.

Por supuesto son muchos los que apuntan a la inocencia y la sobredosis de utopía que supone pensar en una aldea global en la que todo el mundo perdona a los demás y nadie se enfada con nadie, un mundo basado en las buenas maneras y sentimientos, sin guerras ni luchas de poder. El monje francés responde a quienes dudan con la pregunta que mejor define su visión de la vida: «¿Acaso quieres vivir una vida en la que tu felicidad dependa de otras personas?».

Matthieu Ricard no quiere. Por eso en lugar de una casa en la playa ha elegido una vida contemplativa en el monasterio nepalí de Shechen; por eso ha regalado los millones de euros procedentes de sus libros (se han vendido millones de copias en todo el mundo y han sido traducidos a una decena de lenguas); y quizá por eso ha evitado los conflictos propios de la vida matrimonial. El «hombre más feliz del mundo» no sugiere que todo el mundo haga lo mismo para encontrar la dicha. Sólo que aprendamos que la deseada casa de la playa, los millones en el banco o esa pareja tan atractiva tampoco nos conducirán a ella. Aprender a contentarnos con lo que tenemos quizá sí.

  • Vejez: Cuando la agudeza mental y la acción disminuyen, es tiempo de experimentar y manifestar cariño, afecto, amor y comprensión.
  • Muerte: Forma parte de la vida, rebelarse es ir contra la propia naturaleza de la existencia. Sólo hay un camino: aceptarla.
  • Soledad :existe una manera de no sentirse abandonado: percibir a todos los hombres como parte de nuestra familia.
  • Alegría: Está dentro de cada uno de nosotros. Sólo hay que mirar en nuestro interior, encontrarla y transmitirla.
  • Identidad: No es la imagen que tenemos de nosotros mismos, ni la que proyectamos. Es nuestra naturaleza más profunda, ésa que nos hace ser buenos y cariñosos con quienes nos rodean.
  • Conflictos de pareja minimizarlos. Es muy difícil pelearse con alguien que no busca la confrontación.
  • Familia: Requiere el esfuerzo constante de cada uno de sus miembros, ser generoso y reducir nuestro nivel de exigencia.
  • Deterioro físico: Hay que aprender a valorarlo positivamente. Verlo como el principio de una nueva vida y no el principio del fin.
  • Relaciones sociales: Es más fácil estar de buen humor que discutir y enfadarse. Lo ideal es seguir siendo como somos y utilizar siempre que podamos la franqueza y la amabilidad.
  • Felicidad: Si la buscamos en el sitio equivocado, estaremos convencidos de que no existe cuando no la encontremos allí.

Su última obra traducida al español: «Defensa de la felicidad» (Urano).

11 2013 Dic

“Gestalt, creatividad y arte” Paco Peñarrubia

El proceso de la creación artística es un proceso de vaciamiento. Todo artista parte de la nada para crear, un vaciamiento espiritual y fértil donde aprendo a soltar el ego, la máscara, los clichés, los mecanismos neuróticos, dejando caer lo que sobra, las programaciones que me ayudaron a sobrevivir. La expresión artística, la arteterapia nos ayuda a acceder a nuestro mundo interno para recuperar la confianza en nuestro ser,  lo más genuino de nosotros mismos.

¡Que el desierto florezca!

2 2013 Dic

¿Bailamos?

El dinero  nos puede ayudar a resolver muchas situaciones y al mismo tiempo sabemos que  el dinero no puede darnos la felicidad ni el sentido a la vida. Reflexionemos juntos a través de este video donde una niña dialoga con su padre y nos toca el corazón con su sencillez y su verdad.

 

13 2013 Nov

INTELIGENCIA EMOCIONAL PARA EL DÍA A DÍA. PATRICIA MORALES

ACEPTAR Y EXPRESAR LAS EMOCIONES NOS AYUDA AL EQUILIBRIO EMOCIONAL

¿Cómo nos relacionamos con nuestras emociones? ¿Nos dirigen o las dirigimos? ¿nos desbordan o las bloqueamos? ¿ las escuchamos y las aceptamos o las enjuiciamos?
Nuestro equilibrio emocional depende de este arte: la capacidad que tenemos para dar espacio a las emociones y tomar conciencia de ellas, y al mismo tiempo, tomar la distancia para poder observarlas sin quedarme pegado y escuchar que me dice de mi y que necesito. Un proceso de autoconocimiento emocional apasionante y al mismo tiempo difícil porque hemos de aprender a establecer este equilibrio y des-identificarnos.

conciencia-emocional-2A veces, un pequeño acontecimiento puede marcar nuestro día y nuestro estado de ánimo sin a penas darnos cuenta. El día a día, rápido y el ritmo frenético de las ciudades no nos invita a pararnos y respirar con conciencia para darnos cuenta de nuestras emociones; en el metro, en el trabajo, en la actividad diaria. Y esta es una de las claves para prevenir que pensamientos y emociones no conscientes, se vuelvan tóxicas y nos desgasten. Aquí y ahora, te invito a que lo hagas: Párate, date cuenta de cómo el aire entra en tus fosas nasales, siente la temperatura del aire, la sensación física de tu cuerpo. Respira, y sigue observando tu cuerpo, tu mente y tus emociones ¿cómo esta mi mente? ¿y mis emociones? ¿qué me dice mi cuerpo? Encuentra en este momento un espacio para escuchar y darte cuenta de que necesitas para estar contigo y hacer espacio a lo que hay, aquí y ahora. Observa. Si hay una emoción intensa déjala estar, deja que su movimiento interno se exprese y tome espacio, acéptala y vuelve a poner la atención en la respiración. Tu no eres tus pensamientos, tu no eres esta emoción, eres el sujeto que  siente, el recipiente, no la forma que toma. A veces la identificación con las emociones y pensamientos es tal que perdemos de vista esta distancia.
Otro punto importante en este proceso para encontrar el equilibrio emocional es la expresión, como encauzamos la expresión de la vivencia interna en el mundo externo, legitimándonos, respetando nuestros derechos y también dando espacio al otro, respetando y escuchando la vivencia del otro. La expresión de nuestras emociones nos ayuda a colocar y dar un sentido a nuestra vivencia emocional.
La terapia corporal, la expresión artística y la arteterapia también ofrecen un espacio de autoconocimiento de un valor incalculable. Hay emociones que son difíciles de expresar a través de la palabra, y es ahí donde la expresión artística y la terapia abre otros espacios y puertas a sentir y expresar.
Dedicar un espacio a la expresión artística es muy recomendable para mantener el equilibrio emocional, escribir en un diario personal, bailar, pintar, cantar, o cualquier expresión que te ayude a expresarte y crear.

La soledad no existe para quien se tiene de amigo y sabe establecer un diálogo fértil consigo mismo. Cuando has aprendido a conectarte profundamente contigo mismo y acogerte en todas tus emociones, incluso en aquellas que te cuestan, logras vivir una vida emocional sana. Las emociones se convierten en sabias mensajeras.
Las relaciones también se ven profundamente transformadas cuando uno comienza a practicar la autoconciencia emocional. La conciencia es contagiosa. Cuando yo puedo hablar de mi, de lo que siento, de lo que necesito y puedo hacerme cargo, mi vida se transforma. Aprendo a pedir, a poner limites, y expresar mis emociones con conciencia, y los que me rodean perciben que es posible relacionarse desde un lugar de mayor madurez y responsabilidad y lo van adoptando como propio.

El autoconocimiento es clave para entender que es lo que me mueve en la vida, donde esta mi pasión y seguirla, apoyarme en los momentos difíciles y lograr llevar la vida que quiero. Salir del victimismo y comprometerme con la vida que soy.
Crecemos a través de la libre expresión, y en un lugar donde se cuida y respeta todas las formas y expresiones. El corazón también se sana de viejas heridas y resentimientos cuando entiende que puede expresar y soltar la rabia y el dolor y dar espacio a lo nuevo desde el cuidado, el respeto profundo y la responsabilidad.

Video sobre el tema: Eduardo Punset. “Redes” La Inteligencia Emocional.

Alegría para todos.

Patricia Morales. Arteterapeuta y terapeuta corporal.

17 2013 Sep

Free ourselfs from inhibitions: Patricia Morales at TEDxIE University Madrid

Comparto con vosotros la charla que di TED IE University Madrid “Free ourselfs from inhibitions”, espero que les interese.